Registro
Historia de la Devoción

 

ORIGEN: En el año de 1556 María Manríquez de Lara llevo consigo esta preciada reliquia de familia, hasta Bohemia, parte de Checoslovaquia. Todavía se conservan las vestiduras originales que traía la estatua al llegar a Bohemia, que fueron donados por la Princesa Polixena Lobkowitz, quien heredo la estatua de su madre y continúo la devoción en su hogar.

Las vestiduras se cambian de acuerdo con la estación litúrgica, costumbre que data de 1713, año en que miles de personas murieron durante la epidemia de cólera que azoto a Praga. La Princesa Polixena Lobkowitz en 1628 con el propósito de que se propagara la devoción del publico dono la Imagen a los Carmelitas Descalzos en Praga.

El Padre Cirilo de la Madre de Dios fue el primer apóstol que con celo y empeño se esforzó por extender esta devoción. Esta seguridad surge de la histórica promesa: “Mientras más me honren, mas los bendeciré.” Esta promesa ha llegado a ser la piedra de toque de esta devoción. El Padre Cirilo desde el momento en que escucho personalmente a Polixena decir estas palabras proféticas: “Le entrego lo que más aprecio en el mundo. Mientras se venere esta imagen, nada faltara.”, y hasta el momento de su muerte en 1675, demostró gran celo en dar a conocer la gloria del Pequeño Rey. Venció todas las dificultades para reparar la estatua, que se perdió y fue descuidada.

Durante los difíciles tiempos de la Guerra de los Treinta Años, hasta que la encontró en 1637, cuando pudo regresar a Praga desde Munich. El Padre Cirilo busco por todos los rincones de los claustros la estatua perdida hasta que al fin la encontró llena de polvo. Al encontrar la estatua entre unos escombros y en muy mal estado, primero la adoro en privado y más tarde públicamente. Entonces contó a su superior acerca de todas las gracias que el Niño había derramado sobre el monasterio en el pasado y pidió permiso para colocar la estatua en el oratorio. El Padre Cirilo estaba tan embargado por el júbilo de haber encontrado la estatua que no había notado que las manos del Niño estaban rotas.

Un día arrodillado durante horas delante de la estatua, en éxtasis místico, meditando sobre la bondad Divina, escucho estas palabras: “Ten piedad de Mi y yo tendré piedad de ti”! Dame Mis manos y Yo te daré paz! Mientras más me honres mas te bendeciré!” Fue entonces solamente, que el Padre Cirilo se sintió avergonzado. Comprendió que el Niño tenía Sus manos rotas, corrió hasta el Prior suplicándole que mandara a reemplazar las manos. El Prior se excuso diciendo que no podía ser, ya que el monasterio estaba en la miseria y que no tenían los medios necesarios para ello. Sin embargo el Padre Cirilo no cejo en su empeño. El Prior compro una estatua nueva en lugar de reparar la antigua, pero la estatua nueva fue despedazada ese mismo día al caérsele encima un candelabro. Esta fue la primera indicación evidente para el Padre Cirilo de que el deseo del Niño debía cumplirse en toda su extensión. La peste azoto a Praga de nuevo; miles de personas murieron entre ellos algunos monjes y el mismo Prior estuvo al borde de la tumba. Cuando le llamaron la atención hacia la estatua milagrosa el juro dedicarse a propagar su devoción si se curaba. Poco tiempo después el Prior ordeno una devoción general al Niño en la que tomaron parte todos los frailes. Fue así que el Niño se gano los corazones de los Carmelitas de Praga y se convirtió en la piedra angular de su devoción.

La primera aprobación eclesiástica a esta devoción fue dada por el Cardenal Ernesto Harrach, Arzobispo de Praga, cuando consagro el día 3 de mayo de 1648 la capilla, y dio permiso a todos los sacerdotes, seculares y regulares, para decir Misa en su altar. El 4 de Abril de 1655, el Niño de Praga fue coronado solemnemente y proclamado Rey. De esta forma la devoción al Niño de Praga fue designada específicamente como devoción al Niño Rey, para diferenciarla de la devoción al Niño de Belén.